





Treinta y tantos son los kilometros que me separan del mar. Treinta y tantas son las revoluciones por minuto a las que descubrí que la musica ocuparía una parte importante de mi vida.






Desde hace un par de años por estas fechas llego a la misma conclusión y no es otra que los baños con un fish resultan la mar de divertidos. Es el tercer año que lo tengo y aunque los dos anteriores no pasé de una decena de baños con él esta vez me he propuesto usarlo cada vez que el mar esté un pelin grande para tablón pero sin desfasarse y de echo llevo tres baños con él. El primer dia salí del agua quemado aunque consciente de que después de estar casi dos meses entrando solo con el long no podía perder tres pies y pretender darme un buen baño el mismo dia. El segundo le pillé un poco mejor el punto pero el mar estaba potente y remontar con su grosor fué un poco tortura, así que tres bajadones y merienda de espumones en hora y media y para casa esta vez un poco más contento. Hoy tercer baño y gran satisfación aunque debido al gran número de surfers que había en el agua no pillé más de 5 o 6 olas en hora y cuarto, pero el mar estaba justo en el punto máximo en el que entraría con long por tamaño y muy ordenado con olas tendidas con una pared a derechas que abría perfecta y la verdad es que la he gozado con la tabla. Otro detalle que he notado es que pese a que yo surfeo muy adelantado en las tablas y pongo el pié delantero por delante de la mitad de la tabla y el trasero delante de las quillas en el fish, aún me pide ponerme algo más adelantado para pillar la velocidad adecuada y poder encarar la pared para pasar las secciones como un bólido arriba y abajo. Voy a seguir dandole cancha y espero no equivocarme si digo que este otoño mi cola de golondrina y yo nos vamos a hacer muy amigos.
Ya el año pasado tras volver de Sagres hice unos pequeños comentarios sobre lo encantador del Hotel Memmo Baleeira donde me había alojado. Comenté la grata sorpresa que me produjo el saber que tienen un cuarto para guardar las tablas de surf, una escuela en el propio hotel y que te facilitan un mapa de spots surfeables a tu llegada. Este año como no podía ser de otra manera al pensar en volver a Sagres el Memmo fué nuestra primera opción y repetimos. Uno de los dias al ir a pedir la llave para guardar mi tabla resultó que un recepcionista se la había llevado por error y pese a que llegaría en un rato no podia dejarla allí a lo que contesté que entonces me subía la tabla a la habitación, amablemente me pidieron que la dejase en recepción y ellos me la guardaban porque el dueño del hotel es un surfer y no quiere que las tablas anden por el hotel porque ya sabe lo que pasa... Lejos de molestarme me pareció razonable pero quise indagar quien podía ser el dueño y director y descubrí que se trata de un conocido surfer portugués llamado Rodrigo Machaz y que desde su condición de rider y su juventud a creado un espacio hotelero único pensado para gente joven que busca tranquilidad, buena mesa, ambiente chill-out y surf, todo ello en un acantilado sobre el puerto pesquero Da Baleeira del que toma su nombre y que le ha valido ser incluido en la lista de hoteles que la prestigiosa revista "The Design Hotels Magazine" publica cada año (las vistas desde mi terraza).